


La Conferencia Internacional de Seguridad que acaba de tener lugar esta misma semana en Múnich (Alemania) es comparable a la de Davos (Suiza), ocurrida hace apenas un mes.
Ambos eventos son de carácter privado y comparten la condición de ser “la tapa del frasco”. Davos, que ha tenido ya 56 ediciones, reúne a la élite mundial de las finanzas, los negocios etc., mientras que Múnich, que va por su 62ª reunión, se concentra en los temas que hacen a la seguridad mundial. A ambos concurren numerosos jefes de Estado y de gobierno, funcionarios internacionales, ministros del ramo y dirigentes políticos de alto rango.
Quienes se hacen presente, tanto en uno como en otro evento, se interesan en las muy importantes exposiciones que allí se hacen y también, en no menor grado, en fortalecer lazos interpersonales cuya utilidad no parece necesario destacar aquí.
La recién concluida sesión de Múnich fue escenario de múltiples y muy importantes intervenciones, entre ellas la del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, y también la del presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, quienes se refirieron -como es natural- al tema de la seguridad. El norteamericano tratando de redefinir y remendar la insólita intervención el año pasado del vicepresidente de su país, J. D.Vance, cuyo sinsabor ha recorrido y aún resuena en toda Europa. El ucraniano abordó el tema desde la óptica de la destrucción y sufrimiento que viene sufriendo su país desde el 24 de febrero de 2024, cuando se inició la agresión rusa. Tambien destacó los logros y falencias de la relación con sus aliados que, en diversos grados, han venido ayudando a contener el avance ruso que -según los pronósticos- tendría éxito porque iba a lograr la rendición y colapso del país en pocas semanas.
Dicho lo anterior, este columnista quiere destacar la extraordinaria intervención del secretario Rubio, que en nuestra opinión permite calificarlo como un estadista de alto relieve. Bien pudiera esa intervención y las que haga en los meses y años por venir cimentar su posible, y no disimulada, aspiración presidencial que ya asomó en el proceso de primarias de su partido (Republicano) en 2019.
Así como Vance el año pasado utilizó la tribuna de Múnich para intervenir sin recato alguno en la vida política de los aliados europeos y además regañar a quienes -para bien o para mal- han conducido las riendas de Europa occidental; Rubio enfatizó en los históricos lazos de todo tipo existentes entre Europa y Estados Unidos, que en definitiva nos arropan a todos en el concepto de Occidente, señalando tanto los logros habidos como la necesidad de transitar juntos el camino que se nos presentará en esta nueva etapa de la historia.
En nuestra opinión las tareas asumidas por el secretario Rubio están sirviendo para suavizar el discurso arrogante del señor Trump y la petulancia que el vicepresidente Vance lució el año pasado ante los más curtidos líderes del continente al querer dar lecciones de cómo deben defender la democracia. Pero… Vance, vicepresidente, tiene garantizados cuatro años en el cargo, mientras que Rubio bien pudiera tener que afrontar el deseo presidencial de separarlo del cargo, como ocurrió con el pintoresco billonario Musk.
Cierto es que los retos que se han identificado en la relación Estados Unidos/Europa, que demoraron décadas en gestarse, revelan situaciones que ameritan ser abordadas en conjunto. Esa verdad tan evidente no luce compatible con los cambios de opinión de Mr. Trump cada vez que resuelve poner y quitar tarifas aduaneras (aranceles) según el humor del día o cuando pone a volar su imaginación en proyectos cuya factibilidad, prudencia o provecho aún no están bien estudiados. (Groenlandia, Estado 51 etc,)
El lenguaje de Rubio reconociendo su linaje ítalo-español consiguió decir lo que quería decir arrancando calurosos aplausos y elogiosos comentarios. Muy al revés del tobo de agua fría que Vance había arrojado justo un año antes.
Queda por ver qué pasa ahora con la globalización, que hasta ayer era dogma, y hoy parece pecado.
Por ahora lo aconsejable parece ser la prudencia y recoger los platos que se rompieron en el camino.
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