Cancelado el megaproyecto industrial que amenazaba en Chile uno de los observatorios astronómicos más importantes del mundo | Ciencia

Cancelado el megaproyecto industrial que amenazaba en Chile uno de los observatorios astronómicos más importantes del mundo | Ciencia

Los cielos más limpios del planeta respiran aliviados. AES Andes desistió del megaproyecto industrial INNA, una iniciativa que buscaba instalar un sistema de almacenamiento de energía de más de 3.000 hectáreas a 5 y 11 kilómetros de los telescopios de Paranal del Observatorio Espacial Europeo (ESO) al norte de Chile. La propuesta de la empresa subsidiaria de la estadounidense AES Corporation se retiró formalmente del organismo estatal encargado de autorizar proyectosponiendo término a un proceso que había escalado desde lo técnico hacia lo político y científico, convirtiéndose en un símbolo de la tensión entre desarrollo energético y protección de los pristinos cielos del desierto de Atacama. Tenía previsto arrancar en 2032.

El primer indicio de que INNA comenzaba a desmoronarse llegó el 23 de enero. El alivio en la comunidad científica, sin embargo, no fue inmediato. Aunque la compañía había publicado un comunicado en el que anunciaba que dejaría de impulsar proyectos de hidrógeno verde para reorientar “su estrategia hacia energías renovables y almacenamiento”, el desistimiento no se hizo efectivo hasta 17 días después dentro del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental. “Había un temor real de que fuera una jugarreta. Fue una batalla dura”, reconoce a EL PAÍS la astrónoma María Teresa Ruiz, quien fue la primera en poner foco en la planta de generación de energía eléctrica que funcionaría a partir de fuentes eólicas y fotovoltaicas. Las actividades industriales previstas para la fase de construcción y la operación posterior generarían impactos severos, capaces de comprometer el trabajo científico en un área equivalente al tamaño de una pequeña ciudad.

Mapa de los observatorios de ESO en Cerro Paranal (VLT en operación), Cerro Armazones (ELT, en construcción) y CTA, en planificación. También se indican las áreas correspondientes propiedad de ESO.

Ruiz insiste en que este episodio revela la necesidad de una legislación específica que proteja los observatorios y los cielos que los hacen posibles. “No basta con reaccionar cada vez que aparece una amenaza”, advierte. Ella opina que debería haber una normativa que delimite qué actividades pueden desarrollarse en torno a los centros astronómicos y cuáles deben quedar prohibidas por su impacto lumínico o electromagnético. Los primeros acercamientos de AES Andes con ESO se remontan a 2019 por otro proyecto pequeño llamado Parque Terra Energía Renovable. No volvieron a saber nada de la empresa hasta agosto de 2024. “Seguiremos trabajando en estrecha colaboración con las autoridades locales, regionales y nacionales para proteger los cielos oscuros del norte de Chile, un patrimonio natural irremplazable que es esencial para avanzar en nuestra comprensión del Universo y permitir una astronomía de primer nivel en beneficio de Chile y de la comunidad científica mundial”, afirma Itziar de Gregorio, representante de ESO en Chile en un comunicado.

En el desierto, la noche no es solo un paisaje. Es una ventana científica que depende de la mínima interferencia humana. Cualquier aumento en la contaminación lumínica, incluso a kilómetros de distancia, puede distorsionar mediciones, reducir la sensibilidad de los instrumentos y comprometer observaciones que requieren precisión absoluta, según un estudio de la revista Avisos mensuales de la Royal Astronomical Society de 2023. La normativa de protección de cielos, vigente desde hace más de dos décadas, fue diseñada para un escenario muy distinto al actual, cuando la presión industrial en el norte era menor y la transición energética aún no desplegaba su batería de proyectos.

Hoy, con la proliferación de plantas solares, líneas de transmisión, centros industriales y sistemas de almacenamiento, la amenaza a la oscuridad natural es más difusa y más difícil de controlar. Sergio Lavandero, presidente de la Academia Chilena de Cienciasconsidera que lo ocurrido es, ante todo, un triunfo del sentido común. “Era una locura instalar una planta en un lugar con los cielos más prístinos”, afirma sobre el proyecto que contemplaba una inversión estimada de 10.000 millones de dólares. Él coincide con el diagnóstico de Ruiz porque el caso expone debilidades profundas en la institucionalidad ambiental y científica del país. “Necesitamos fortalecerla. No puede ser que un sitio de valor astronómico mundial quede expuesto a decisiones que no consideran su importancia”, subraya.

Desde el Ministerio de Ciencia, en cambio, optaron por no realizar declaraciones a EL PAÍS. Un portavoz indicó que el ministro Aldo Valle no haría comentarios adicionales, pero remitió a un mensaje publicado en la red X: “Valoramos la decisión adoptada por AES Andes de no perseverar en el proyecto de hidrógeno verde INNA, una iniciativa que generó amplio debate por su eventual impacto en el Observatorio Paranal, uno de los centros astronómicos más relevantes a nivel mundial”.

Más allá de INNA

A la lectura científica se suma la mirada desde la sociedad civil. Para Pamela Poo, directora de Políticas Públicas e Incidencia de Fundación Ecosur (Chile)el desistimiento de AES Andes responde a una combinación de factores que van más allá del conflicto astronómico. “La industria del hidrógeno verde en el mundo no está teniendo un mercado que sostenga las altas inversiones iniciales que se requieren”, explica.

Ese contexto global debilitó la viabilidad económica del proyecto. Pero en el caso de INNA, añade, el emplazamiento era un problema en sí mismo: “La afectación a los observatorios podía transformarse en un gran dolor de cabeza geopolítico”. Desde que el Estado chileno y ESO firmaron en 1963 el acuerdo que permitió instalar telescopios en el norte del país, la inversión científica en la zona ha crecido de manera sostenida.

Desde su inauguración en 1999, el Observatorio Paranal ha sido protagonista de descubrimientos clave como la primera imagen directa de un exoplaneta o la confirmación de la expansión acelerada del Universo. Además, es hogar del Telescopio Muy Grande (VLT), el instrumento óptico más avanzado de su tipo, en operación desde hace más de 25 años.

En esta década, el gigantesco Telescopio Extremadamente Grande (ELT) y el CTA-Sur se sumarán desde el cercano cerro Armazones, a unos 20 kilómetros de distancia, consolidando a ESO como un polo astronómico sin precedentes, respaldado por 16 países europeos. “Chile tiene un patrimonio único. Si no lo cuidamos ahora, lo perderemos para siempre”, reflexiona María Teresa Ruiz.

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