cómo los vampiros reflejan la sociedad

cómo los vampiros reflejan la sociedad

En vísperas de los premios Oscar, que tendrán lugar el 15 de marzo, todas las miradas están puestas en Pecador, de Ryan Coogler, nominada a un récord de 16 estatuillas.

La película de terror, ambientada a principios de la década de 1930 en el sur de Estados Unidos, presenta a unos hermanos gemelos que regresan a su ciudad natal con la esperanza de empezar de cero abriendo un espacio para la comunidad afroamericana en medio de las presiones en la era de las leyes de segregación racial.

A medida que se desarrolla la noche de la inauguración, la celebración revela que los hermanos y su comunidad están siendo atacados por vampiros.

Junto a los monstruos, la historia destaca la violencia social y racial de la época, al sugerir que el horror sobrenatural refleja temores históricos muy reales.

Esto es precisamente lo que la figura del vampiro ha hecho durante años: representar las preocupaciones de cualquier sociedad. Este papel es crucial para comprender por qué el vampiro ocupa un lugar imperecedero en la cultura pop.

Fotograma de la película, con Isabelle Adjani y Klaus Kinski.
La nueva versión de 1979 de la película de 1922 ‘Nosferatu’, dirigida por Werner Herzog, es una meditación sobre el estado de la Alemania de posguerraImagen: Colección Everett/Colección Everett/Picture Alliance

Una popular figura folclórica

Las figuras vampíricas han existido desde hace mucho tiempo en la mitología, el folclore y la religión. En Mesopotamia existían historias de demonios que bebían sangre. En la mitología griega y romana antigua, la estrige era un ave del mal que se alimentaba con sangre. La mitología hindú describía al vetala, un espíritu que habitaba en los cadáveres.

Más tarde, los vampiros aparecieron en el folclore eslavo y balcánico y presentaron algunas de las características que hoy asociamos con el monstruo sediento de sangre: cadáveres que revivían y caían fácilmente presa de las estacas, la luz del sol y por supuesto el ajo.

El primer vampiro en la literatura inglesa apareció en el cuento El vampirode John Polidori, en 1819, encarnado por el aristocrático Lord Ruthven.

Le siguió el vampiro más famoso de la literatura, la novela Dráculade Bram Stoker, en 1897, que consolidó el lugar del vampiro como un auténtico monstruo de la era gótica.

Fotograma de la película en el que se ve en primer plano al protagonista, Christopher Lee.
‘Dracula A.D. 1972’ actualizó el mito al traer al conde Drácula a la escena hippie de LondresImagen: TBM/United Archives/Picture Alliance

Los vampiros llegan a la gran pantalla

La fiebre vampírica alcanzó nuevas cotas con la llegada del cine. Se han realizado cientos de películas protagonizadas por el conde chupasangre, lo que lo convierte en el personaje literario más representado en el cine después de Sherlock Holmes, según algunas fuentes.

Las razones son múltiples, desde nuestra obsesión por alcanzar lo imposible (la inmortalidad) hasta algo quizás aún más desconcertante.

«Los vampiros perduran porque son los monstruos que más se parecen a nosotros. Actúan de forma similar: son codiciosos y destructivos», afirma Sorcha Ni Fhlainn, profesora de estudios cinematográficos en la Universidad Metropolitana de Manchester, en Reino Unido, y quien está especializada en vampiros en el cine y la literatura.

«Aunque conocemos aproximadamente su aspecto, siempre están cambiando, dependiendo de la historia que representan y a veces del ambiente nacional en el que nos encontramos al momento del estreno de la película», declaró a DW.

Nosferatude Werner Herzog (1979), es un ejemplo de película que reflexiona sobre el sentimiento nacional del momento, la Alemania de la época, señala la académica. Este film, que presenta a un vampiro que se muda a un pueblo rural para comprar una propiedad, es una reflexión sobre la posguerra y el horror del Holocausto en el país.

Fotograma de la película en el que Mónica Belucci, Florina Kendrick y Michaela Bercu muerden a un entregado Keanu Reeves.
Los vampiros y la sexualidad van de la mano en muchas películas y series, como en ‘Drácula’, de Francis Ford Coppola, en 1992Imagen: NZ/Colección Christophel/Picture Alliance

Los vampiros se apoderan de Estados Unidos

En el contexto actual de agitación política y social en Estados Unidos, no es difícil entender por qué estas criaturas podrían ser tan populares en este momento, y no es el único período histórico.

La década de 1970, dice Ni Fhlainn, fue «una década con una fuerte influencia de Drácula, aquella en la que tenemos las versiones más condensadas de Drácula, Drácula en escena y muchas películas de Drácula».

También fue una década de extrema agitación social. Estados Unidos estaba sacudido por el escándalo de Watergate y las crisis constitucionales, mientras que los partidos nacionalistas estaban en auge en Europa. Mientras tanto, los vampiros estaban omnipresentes en la cultura pop y sus personajes cambiaban para reflejar el espíritu de la época.

A principios de la década, según la experto, Drácula solía ser interpretado por un hombre mayor, «representando a este orden de empresarios y personas poderosas de la tercera edad, una forma más antigua de ver el mundo», como en películas como Drácula 1972 d.C..

A finales de los 70, emerge un Drácula más joven y atractivo, como en la novela de Anne Rice de 1976, Entrevista con el vampiro. La figura del vampiro se sexualiza explícitamente en la adaptación cinematográfica de la novela, protagonizada por Tom Cruise, y también en la saga Sangre verdaderapor ejemplo.

Tom Cruise en un fotograma de la película, en la que comparte protagonismo con Brad Pitt.
La culpa católica es uno de los temas detrás de la película ‘Entrevista con el vampiro’, de 1994, protagonizada por Tom Cruise como un vampiro introspectivoImagen: KPA/United Archives/Picture Alliance

El vampiro introspectivo

La tendencia del vampiro como figura seductora, falible, introspectiva, que incluso buscando ocultar su verdadera identidad al mundo exterior, se hace cada vez más evidente en el período posterior a la Guerra Fría.

«Los vampiros tendían a introspeccionarse y a observar su sociedad, su grupo, casi como un contexto nacional de reexaminación de quiénes somos y hacia dónde vamos», señala Ni Fhlainn.

Las historias de vampiros nos brindan una manera de abordar aspectos de la dinámica de poder y la desigualdad, al brindarnos la oportunidad de discutir estos temas a través del lenguaje del simbolismo y la fantasía, añade la académica.

«Creo que a veces no podemos abordar las cosas directamente; tenemos que ser un poco indirectos para poder hablar realmente de las cosas serias que suceden en nuestro mundo, porque de lo contrario es demasiado profundo», dice. «Los vampiros nos brindan esa maravillosa oportunidad de desentrañarlo todo».

(rr/lgc)

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