Habla la superviviente del último ataque israelí contra un periodista: «Estaba muy asustada. Se podía ver el coche ardiendo y los dos cuerpos de esos chicos, quemándose vivos»

Habla la superviviente del último ataque israelí contra un periodista: «Estaba muy asustada. Se podía ver el coche ardiendo y los dos cuerpos de esos chicos, quemándose vivos»

Zeinab Faraj permanece hospitalizada en un centro sanitario de Beirut. Su padre, Mohamed, de 51 años, explica que todavía tendrá que someterse a unas «cuatro operaciones». «Se salvó sólo gracias a Dios. Quedó enterrada entre los escombros», añade. El cuerpo fue rescatado por la mano, marcada con un anillo, que sobresalía en medio de los cascotes. La chiquilla de 22 años tiene la cabeza y el brazo vendado, y su ojo derecho ha desaparecido bajo un enorme hematoma.

«La peor herida la sufrió en la pierna. Se la aplastó una roca enorme», agrega Mohamed.

Su compañera, la periodista Amal Khalil, de 43 años, no tuvo esa suerte. El último cohete israelí, el tercer ataque que sufría, la remató. Su cadáver quedó machacado bajo la techumbre y las paredes de un garaje, el pasado día 22.

Amal ha sido la última víctima de un suceso cada vez más común: el asesinato de informadores y empleados de medios de comunicación libaneses a manos del ejército israelísiguiendo el mismo patrón de conducta que aplicaron esas mismas fuerzas armadas durante la brutal ofensiva que sufrió Gaza.

Según el Sindicato de Editores de Prensa Libanés, Amal era la número 27 del listado de víctimas mortales de este sector, desde octubre de 2023.

Pero la muerte de Amal fue especialmente estremecedora. La conocida reportera del diario Al-Akhbar y Zeinab -una becaria que ejercía como fotógrafa y con la que formaba pareja desde el inicio del conflicto- se habían trasladado al sur del país para intentar documentar la situación en esa región, donde el supuesto alto el fuego establecido el último día 16 parece desmoronarse por momentos.

Este domingo, el ejército israelí acabó con la vida de otras 14 personas.

La pareja de periodistas viajó a la aldea de Al Tiri, en las inmediaciones de la ciudad de Beint Jbeil, por cuyo control todavía pelean las fuerzas del ejército israelí y las huestes de Hizbulá.

Hablando con dificultad desde la cama, Zeinab recuerda que, cuando se encontraban allí, un misil impactó contra el coche de dos amigos de las periodistas, dos jóvenes de Beint Jbeil. «Estaba justo al lado de nuestro vehículo», indica.

El suceso las dejó conmocionadas. Zeinab apenas pudo encender la cámara de su teléfono, que llevaba colgado al cuello, e iniciar una llamada telefónica con su padre. «Estaba muy asustada. Se podía ver el coche ardiendo y los dos cuerpos de esos chicos, quemándose vivos. Me decía: ‘¡Papá, ayúdame! ¿Qué hago?'», rememora Mohamed.

Zeinab cree que ese primer misil explotó en torno a las 14:30 de la tarde. No lo sabía, pero le quedaban horas de horror hasta el devastador desenlace final.

«Había dos drones pequeños y uno más grande volando encima de nuestra cabeza. Nos aparcamos en un lateral de la calle y nos escondimos junto a un árbol», precisa.

Amal tuvo tiempo para informar a su periódico. Les envió un mensaje de WhatsApp donde escribió: «Estoy bien. Han atacado a un coche enfrente de mí».

A partir de ese instante comenzó una frenética carrera para intentar organizar el rescate del dúo. Zeinab comenta que Amal llamó al «ejército libanés, a las Naciones Unidas, a la Cruz Roja…» y que estos intentaron a su vez coordinarse con el ejército israelí para organizar el retorno seguro de las reporteras.

La tensión que rodeaba a la espera se acrecentó cuando los UAV israelíes lanzaron un segundo cohete, poco después de las 16:00 horas, esta vez directo al coche de las informadoras.

«Amal quedó herida. No se podía tener en pie. Iba gateando. Estaba sangrando por la cabeza y en el brazo», rememora la fotógrafa.

Incluso lesionada, la periodista consiguió forzar la puerta de acceso a un garaje contiguo donde se refugiaron.

«Estábamos aterrorizadas. Pasamos más de media hora en ese edificio. Amal seguía llamando por teléfono. De vez en cuando nos abrazábamos y nos decíamos la una a la otra: ¡Por favor, no me dejes!«, comenta Zeinab.

«Una vez yo le grité ¡No te duermas, Amal!», añade.

Otro periodista y amigo de la difunta, Ibrahim Dawi, asegura que el último contacto telefónico con Amal fue a las 16:22, cuando la reportera ratificó que permanecían ocultas en el garaje. «Dijo que estaba bien y que estaba esperando que viniera a buscarla el ejército. Entonces el teléfono quedó muerto»manifestó. Según su relato, la aviación israelí bombardeó el edificio a las 16:27.

«El ejército, la Cruz Roja y la Defensa Civil habían intentado todo ese tiempo ir a rescatarlas pero los israelíes no dieron permiso», indicó.

Los equipos de rescate encontraron a Zeinab, pero la ambulancia que la trasladaba hasta el hospital también fue atacada por los drones. En esa ocasión, con bombas de sonido.

La muchacha ni se enteró. Estaba inconsciente. «Soñaba que estaba con mi padre»dados.

Los grupos de auxilio tuvieron que replegarse y no consiguieron una autorización del ejército de Tel Aviv para usar maquinaria que les permitiera recobrar los restos de Amal hasta las 19:30.

Según el ex ministro de Información libanés, Ziad Makari, en septiembre de 2024 Khalil recibió una llamada procedente de un número de teléfono israelí, en la que se le amenazaba de muerte por su cobertura del conflicto entre Hizbulá e Israel, lo que llevó al citado departamento a pedir la «protección» oficial de la UNESCO.

Intimidación a los medios

Medios locales como A Modon publicaron el texto completo de esa intimidación. «Bueno, señora, usted va de un pueblo para otro, pero tal vez no haya asistido a suficientes funerales ni haya ido a suficientes hospitales. Hay mucha tristeza y dolor detrás de su sonrisa, que intenta ocultar en Twitter. Veamos qué respuesta nos da. ¿Su casa sigue en pie, señorita Amal? Sabemos dónde está y la encontraremos cuando llegue el momento. Aunque no le preocupe, al final nos haremos cargo de todo. Le sugiero que escape a Qatar o a algún otro lugar si quiere mantener el contacto entre su cabeza y los hombros».

Días antes de la muerte de Khalil, el portavoz del ejército israelí, Avichay Adraee, difundió un vídeo en las redes sociales donde se veía a la difunta rescatando a un gato entre las ruinas de una edificación. El militar israelí volvió a «marcar» a la periodista al identificar a su periódico, Al-Akhbarcomo un «medio [de comunicación] terrorista que habla en nombre de Hizbulá, el diablo».

El propio director del diario, Ibrahim al Amin, explicó que la periodista le había informado sobre esos incidentes. «En otoño, durante la guerra, recibió un mensaje de un número desconocido, escrito en árabe, pero su contenido era muy claro».

El máximo responsable del matutino admite que «fue imposible» convencerla de que limitara sus desplazamientos a zonas de riesgo.

Tras la muerte de su reportera, Al-Akhbar entrevistó a los informadores de otras televisiones o periódicos que todavía cubren los acontecimientos en el sur del país. El titular fue más que explícito: «¿Quién será el próximo?».

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