
En Venezuela no hubo referéndum, plebiscito o consulta alguna para convertirnos en colonia de la más cruel, brutal y vetusta tiranía castrista. La cúpula socialcomunista, apenas se apropió del poder, le tendió la alfombra roja a la gerontocracia cubana para que tomara posesión de sus dominios y decidiera de acuerdo a sus interesas y conveniencias. Nuestro país se transformó en el negocio más rentable para una arruinada Cuba, que sufría las consecuencias del período especial, producto de la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Como una jauría depredadora y hambrienta le hincaron garras y dientes al lomito que los de aquí le entregaron en bandeja de plata.
Nada o muy poco se salvó del desorbitado y descomunal afán de dominio del barbiblanco valetudinario. El mismo que con bríos renovados, trasladó armas, bagajes, mañas, vicios, marrullería e indolencia a los territorios que le habían obsequiado. Hasta la voluntad de la élite autóctona se entregó -gozosa y sumisa- a los dictámenes y veleidades del anciano dictador.
Es así como la república civil venezolana se hace colonia de una satrapía. Con plenos poderes para decidirlo todo en el entramado económico, social, político y hasta espiritual. Lo que devino en un proceso degenerativo, que nos colocó en la humillante condición de ex país. Los rojos colonizadores del siglo XXI le cayeron -como cerdos hambrientos- a todo aquello que pudieran sacarle provecho en el menor tiempo posible.
De ciertos ámbitos ya tenían suficiente información, porque los gobiernos democráticos les abrieron las puertas para que los exploraran y rentabilizaran. Uno fue la educación. Terreno en el que la dictadura cubana tuvo manga ancha para desarrollar programas de catequización e ideologización entre una gran cantidad de docentes durante mucho tiempo. Estos profesionales socializaron en las aulas los “aprendizajes” recibidos en congresos, seminarios, coloquios, et alimpartidos, entre otros, por la Asociación Latinoamericana de Educadores Latinoamericanos y el Caribe (Aelac).
Conocían como la palma de su mano a Venezuela, por lo que fue rápido y fácil penetrar, también, al sector salud. Con batas blancas y estetoscopios fue un tiro al suelo. Los médicos no portaban armas convencionales, y desde Cuba se les mercadeaba como símbolos de solidaridad. Estas “misiones” se inician en 1963, cuando se cumplían 4 años del cese de la lucha armada y el ascenso al poder del castrocomunismo. Argelia fue el primer país que vio desembarcar al primer contingente de galenos, que atenderían la salud de los habitantes de esa nación africana. En la actualidad, este subproducto crematístico de la diplomacia sanitaria cubana tiene presencia en 56 países del planeta.
La exportación de este servicio junto al turismo, aportan el principal ingreso de divisas, que va a parar a los bolsillos de la élite dictatorial, centralizada por Gaesa. La misma que recibe la bicoca de 5 mil o 6 mil millones de dólares anuales por estos conceptos. De acuerdo con datos oficiales del Anuario Estadístico de Salud de 2024, Cuba cuenta con 390.279 trabajadores en el Sistema Nacional de Salud. 73.364 son médicos y 71.948 son profesionales de la enfermería. En 2009 el número ascendió a 582.538, el más elevado desde que se inició en la década de los años sesenta.
La dictadura cubana encontró un filón en esta materia y lo ha exprimido sin miramientos. Por eso cuenta con 29 facultades de medicina repartidas a lo largo y ancho de la isla. A partir de 2000 las exigencias se hicieron cada vez más laxas. El promedio para ingresar a las escuelas de medicina bajó de manera considerable, el nivel de exigencias se hizo menor y hasta regalaron títulos para cubrir la demanda. Hoy, en México, hay más de 3 mil facultativos y Venezuela tenía entre 17 y 18 mil. De ese gran número, muchos han salido del país por disposición del gobierno interino.
Por cada matasanos cubano sin título -porque no le permiten sacarlos de la isla- que bajó de un avión, un egresado de nuestras universidades quedaba sin trabajo, luego de ocho años de formación. Si lograba el empleo en Venezuela, los sueldos no alcanzan para cubrir las necesidades básicas, además el acoso, el irrespeto y la persecución no cesan. A lo que debemos añadir las degradantes condiciones de trabajo y la falta de insumos. En síntesis, nuestros médicos fueron excluidos y expulsados de su país. Buscaron otros derroteros. Hoy son reconocidos y valorados por su sólida formación, su sensibilidad con el paciente y su compromiso con el delicado trabajo que desempeñan. Mientras tanto, cientos de presuntos médicos cubanos huyen de la esclavitud y varios países prescinden de sus servicios.
Agridulces
Aterrajado estaba el poeta tatuado como fiscal general. Irreductible e insustituible, cumplió -al pie de la letra- las más injustas órdenes para silenciar a la disidencia, valiéndose de los brutales recursos que el poder puso a su disposición.
Últimas noticias de última hora Portal de noticias en línea