
El 16 de febrero pasado se cumplieron dos años del lanzamiento, por parte del presidente Nicolás Maduro, de la Gran Misión Viva Venezuela Mi Patria Querida. Lamentablemente, este año empezó con la particularidad del ataque criminal perpetrado por el gobierno de los Estados Unidos contra la Nación venezolana y el secuestro del padre de nuestra Gran Misión en compañía de su esposa, la primera combatiente Cilia Flores Por esa razón, llegamos a tan importante aniversario con sentimientos encontrados.
Su ausencia temporal nos duele porque recordamos el entusiasmo con el cual impulsó esta iniciativa que hizo que llenáramos la Sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño con cultoras y cultores de todos los rincones de esta Patria. Un entusiasmo acompañado con una claridad apabullante en cuanto a los objetivos que nos planteaba: detener el proceso de desculturización al que se tenía sometido a nuestro pueblo a través del bombardeo constante de productos creados por la industria del entretenimiento para moldear gustos e imponer una única cultura hegemónica. Vacunar a nuestras niñas, niños y jóvenes contra los antivalores propiciados por dicha cultura de la deshumanización. Inocular al pueblo el amor patrio que germina a partir del contacto con las más profundas emociones de la venezolanidad, y atender al pueblo cultor para que pueda emprender esa titánica tarea como un ejército amoroso. Tan solo ese gesto nos pone en evidencia la nobleza y profundidad de espíritu de nuestro hermano Nicolás.
En estas circunstancias, y en su tercer año de vida, es un deber ético el que sigamos profundizando en las políticas y acciones referidas en cada uno de los ocho vértices de esta Gran Misión. Con tristeza y esperanza emprenderemos esta tarea. Esperanza por su pronto retorno.
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