Todo por los niños, pero sin los niños: el debate sobre prohibir redes sociales a menores | Tecnología

Todo por los niños, pero sin los niños: el debate sobre prohibir redes sociales a menores | Tecnología


Hay consenso: a los chavales hay que sacarlos de las redes sociales. El clamor se ve en las encuestas, en gobiernos de todo signo, en Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo. El presidente propuso prohibir las redes a los menores de 16 y el líder de la oposición no se opuso: esa idea la tuve yo antes, respondió. Más de una década de críticas y debates, y estudios y más debates y más estudios han desembocado en esto: las redes son tan malas que hay que prohibirlas… para los menores. Hay numerosos ejemplos de daños tangibles, horripilantes, que han creado las plataformas digitales regidas por los tecnoligarcas que repite Sánchez: suicidios, autolesiones, ciberacoso, depredadores sexuales. Es la salida fácil. El conocimiento que vamos acumulando deja claro que las redes son especialmente dañinas para los críos más vulnerables, pero las pruebas de que son malas para la salud mental de todos los menores son, cuando menos, contradictorias.

Hay una cuestión innegable, ni siquiera por las propias compañías tecnológicas: las aplicaciones son inherentemente tóxicas porque no están pensadas para los usuarios, sino para extraer dólares de nuestros ojos y nuestro tiempo. No dan un servicio que necesitemos, sino que nos engañan para parasitar nuestra atención durante horas. Sin fin. ¿Son adictivas, al mismo nivel que la nicotina o el alcohol? Eso es discutible. Un tribunal de Los Ángeles (EE UU) dirime en estos momentos este asunto tras la denuncia de una joven. Allí, además de negar la mayor, Mark Zuckerberg dijo algo muy revelador: la culpa es de los chavales, que mienten con su edad. En España, el 78% de los escolares de 5º y 6º de Primaria (entre 10 y 12 años) está ya registrado en alguna red social y el 44%, en tres o más, según Unicef. Es decir, en muchas redes ya sortean las restricciones de edad. En Australia, país pionero en la prohibición hasta los 16 años, ya se las están saltando masivamente, según muestra la prensa local.

¿Por qué saltarse los vetos? En EL PAÍS, creemos que es crucial escuchar a los adolescentes, entender lo que hacen hoy en esas redes y lo que harán mañana si se las prohíben. Por eso publicamos una serie de reportajes que arrancan hoy con un gran chapuzón en el interior de sus móviles. Con unas cuantas conversaciones alejadas del alarmismo, vemos que usan las redes para lo más importante en sus vidas: hablar con sus amigos. Escuchando sus voces, descubrimos que cada función de estas aplicaciones la reconvierten en otra forma de comunicarse entre ellos. Por eso, si se las bloquean, intentan sortearlo. Como cuando le prohibían a un adolescente hace décadas hacer llamadas a sus colegas al salir de clase. Con una salvedad: hace décadas, los padres no ponían un millón de obstáculos a que sus hijos se vieran con sus amigos después de clase, en las calles. Los padres de hoy sí lo hacemos. Y ahora, además, planteamos prohibirles las redes, sus nuevas calles. Algunos especialistas, más allá de los que hacen promoción de cursos y libros catastrofistas, creen que prohibir incluso puede ser contraproducente para muchos menores. También para la privacidad de todos, al obligarnos a identificarnos para navegar. Además, algunas de las aplicaciones más peligrosas para los menores no estarían prohibidas, como WhatsApp, Telegram, Roblox o Discord, por no ser redes sociales propiamente dichas.

Esas plataformas no son como los telefonazos entre amigos de hace décadas: además de acercar a la gente, generan innumerables consecuencias negativas. La Comisión Europea, en un duro expediente, señaló hace un par de semanas que TikTok “no ha evaluado adecuadamente cómo estas características adictivas pueden perjudicar el bienestar físico y mental de sus usuarios, incluidos menores y adultos vulnerables”. Perjudican a todos los usuarios: ¿se lo prohibimos también a los adultos vulnerables o, como reclama la Comisión, obligamos a TikTok a que cambie la columna vertebral de su negocio porque es nocivo para todo aquel que caiga en su algoritmo? Los gobiernos de todo el mundo deben ponerse las pilas con las plataformas digitales que, como bien critica Sánchez, han creado un salvaje Oeste digital del que están extrayendo oro. Pero deben estudiar la situación más a fondo, con más valentía, más allá de vaivenes regulatorios dispersos y reactivos a partir de casos mediáticos, como ha ocurrido ahora con las salvajadas de Grok. Si Europa se atreve a defender a sus ciudadanos de las plataformas estadounidenses, probablemente se topará con la ira de Donald Trump. Pero no es necesario parapetarse detrás de los niños para tener motivos: los hay y de sobra.

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