
Como dijo Rudy Tomjanovich tras el anillo de la NBA de 1995: “Nunca subestimes el corazón de un campeón”. Es como si aquella frase de allegricual Modric desde el césped no podía oír, hubiera activado su orgullo. El croata, elevándose por encima de los otros 21 futbolistas, impuso su condición de miembro de la nobleza del fútbol. El Milán estaba atrapado en un partido sucio, lleno de errores, sin personalidad para salir de él.
El sueño del escudo se desmoronaba. En esa jugada, Modric puso todo: talento, inteligencia y corazón. Como escribió Jorge Valdano sobre él: “la ética del esfuerzo, la ética del respeto, la ética del amor al fútbol”. Resulta conmovedor verlo celebrar como un niño en un parque, desbordado por la emoción incontenible de su primer gol.
Es un tanto que, además de poder marcar un punto de inflexión decisivo en la lucha por el campeonato -esta noche se juega Inter-Juve-, define su papel total en este Milán. Modric descarga para León de espaldas y ataca inmediatamente el área, listo para recoger después el pase de ricci y empujarla a la red. Asiste, ataca el espacio y marca. Lo hace todo, porque todo era necesario para ganar el partido. Ahí está la diferencia entre él y los demás, o, como diría allegri: “hay categorías”.
Tras el 2-1, desde el sector visitante de la Estadio Garibaldi los aficionados rossoneri entonan un cántico especial para él, el que fue de maradona en Nápoles y de ronaldinho en el Milán: “Oh mamma, oh mamma, ¿sabes por qué me late el corazón? He visto a Luka Modriche visto a Luka Modricy, mamá, estoy enamorado”. Un canto que expresa el privilegio y la gratitud que sienten hacia el croata.
El ex del real madridcomo casi todos sus colegas, podía haberse ido a pasar el invierno del dinero en miami oh Riad. O retirarse, como su maravilloso compañero en Madrid, Toni Kroos. Pero no. A los 40 años decidió jugar en el club por el que simpatizaba de niño, el de su ídolo Zvonimir Boban.
Tomó una plaza herida por un octavo puesto, sumida en apatía y decepción, y la llevó a soñar con un escudo frente a un Inter poderosísimo. Luka Modricen esencia, ha vuelto a hacer latir el corazón de todo un pueblo. Quizá eso valga más que cualquier trofeo. Y forma parte de su ética, la que deja como herencia en cada club por el que pasa. Viva el fútbol, y viva Luka Modric.
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