Angelus Novus: La buena educación

Angelus Novus: La buena educación

El mal es indiferente a la vana intención de educarlo. Sin embargo, en la educación estética quizás hallemos alguna liana desde la cual interceptar la aparente inevitabilidad del abismo”

Por CAROLINA GUERRERO

La fe en la buena educación como ortopedia del espíritu contra los males de la sociedad, como poción para curar sus podredumbres, ha sido una recurrencia terca al espejismo que ciega, convencidos de que el saber nos salvará de nosotros mismos. Mas la historia es un animal que no sabe leer. Y la grieta del mundo persiste ahí, en cada verdugo con gramática.

La inmisericordia no anida en el sujeto por su reluctancia a las luces. La acumulación del saber pertenece a un ámbito de cosas muy diferente a la extinción del mal. Y no deja de ser tentadora la pulsión de aventurar una interrogación lacerante y severa. Aquella dirigida a quien, en posesión de una pulida etiqueta y de una erudición acrobática, apunta sin límite a sofisticar el tormento que está dispuesto a urdir contra los demás.

Desde la pérdida de nuestro realismo político, abandonado en tiempos del humanismo cívico maquiaveliano, nos ha dado por inocular la paradoja sobre una suerte de religión racionalista edificada en la buena educación. Desde esa vertiente, y en un acto de fe ciega, creemos que la formación basta para regenerar aquello que ha de caracterizar lo humano. Una especie de llegada a la potencia victoriosa de tatuar razones en mentes nuevas.

Pero en momentos no precisamente infrecuentes es solo un vendaje para un cuerpo en gangrena, para la crudeza del mal social, a efectos de que la tragedia parezca civilizada.

El mal es indiferente a la vana intención de educarlo. Sin embargo, en la educación estética quizás hallemos alguna liana desde la cual interceptar la aparente inevitabilidad del abismo. Ella no es transfigurable en una prevención infalible ante la explosión del mal desde el alma. Es apenas un destello en erupción frente al individuo libre. El ofrecimiento de un instante luminoso que no se asienta en una esperanza de salvación, dado que solo le está dado revelarse como epifanía en la conjuración de una pequeña retícula del horror.

El mal se mueve con la arrogancia de lo que no necesita ser contenido. En medio de él, a su margen, o en la búsqueda de distancia, el individuo ilustrado es simplemente un sujeto de decisión: instrumentalizar la razón para generar, desde la técnica, formas más eficientes y perversas de control y dominio. O negarse a convertir la buena educación en un ejercicio de la crueldad tecnificada o de la indiferencia, exquisitamente matizadas con el habla culta.

No existe relación de causalidad absoluta entre la buena educación y la obliteración del mal. Aun cuando aquella pueda situarnos en mejores coordenadas para la resistencia y la rebelión frente a él, la insistencia en que la educación es el recurso para civilizar el alma nos sumerge en la autocomplacencia de dejar de formular preguntas, otras. La indulgencia de abandonar la exploración necesaria en torno al misterio sobre por qué el espíritu, ilustrado o no, es capaz de detonar, desde sí, la inmisericordia extrema.

Check Also

EE.UU. apuesta a modernización petrolera en Venezuela y proyecta mayor producción de Chevron – AlbertoNews

EE.UU. apuesta a modernización petrolera en Venezuela y proyecta mayor producción de Chevron – AlbertoNews

El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, proyectó este jueves elevar la producción …