
Durante décadas, los astrónomos han pensado que en el centro de la Vía Láctea yace un agujero negro supermasivo que ejerce efectos gravitatorios sobre miles de millones de estrellas y planetas, incluidos el Sol y la Tierra. Aunque no es visible directamente, es uno de los más estudiados. Sagitario A* (Sgr A*), como le llamaron, tiene unas 4.3 millones de veces la masa del Sol y se encuentra a unos 26 000 años luz de la Tierra.
A nivel general, la existencia de Sgr A* explica bien la estructura y el comportamiento de la galaxia, pero si se mira a detalle, el modelo presenta tensiones. Hay pequeños desajustes entre lo que predice la teoría y lo que observan los instrumentos que hacen pensar que “algo no cuadra” o que al rompecabezas la faltan piezas.
Fenómenos como la dinámica de estrellas cercanas al centro de la galaxia, la baja luminosidad que presenta “nuestro” agujero negro supermasivo, ciertos detalles de la curva de rotación y la propia imagen obtenida por el Telescopio del Horizonte de Eventos (EHT, por sus siglas en inglés) no encajan a la perfección con lo que esperaríamos de un agujero negro supermasivo clásico.
Es posible que exista una solución más sencilla para esta discrepancia cosmológica, aunque para asentarla es necesario cambiar radicalmente en el modo de pensar. Quizá no estamos viendo un agujero negro supermasivo, dicen los astrónomos más aventureros, sino un objeto muy denso de materia oscura, formado por partículas que no emiten, reflejan ni absorben luz.
Un núcleo de materia oscura con forma de nube
Un grupo de científicos encabezados por la astrofísica Valentina Crespi plantean la existencia de un núcleo compacto compuesto por partículas desconocidas, invisible por definición, pero capaz de generar la gravedad necesaria para mantener las órbitas estelares y la distribución del gas. La idea se parece mucho al concepto de un agujero negro supermasivo, pero la física detrás de un objeto de materia oscura es completamente distinta, y también lo serían las señales observables.
La revista Avisos mensuales de la Royal Astronomical Society publicó recientemente un modelo que describe un núcleo de materia oscura en el centro de la Vía Láctea. No es el primer intento, pero incorpora mediciones de última generación, como el mapeo estelar de Gaia DR3 y la sombra registrada por el EHT, y encaja mejor que propuestas anteriores.
Este hipotético objeto estaría compuesto por fermiones ligeros, que formarían un núcleo compacto y muy denso rodeado por un halo que se extiende hasta los bordes de la galaxia. En lugar de una región compacta y definida, como solemos imaginar un agujero negro, este cuerpo tendría la forma de una nube con dos regiones diferenciadas: una interna y otra externa.
“El modelo tiene sentido, en diferentes escalas”
En 2022, los datos de Gaia DR3 de la Agencia Espacial Europea ofrecieron mediciones mucho más precisas del movimiento de las estrellas en la Vía Láctea. Estas observaciones revelaron irregularidades y asimetrías en la curva de rotación, lo que permitió ajustar mejor los modelos dinámicos de la galaxia.
Cuatro años después, comienzan a aparecer los primeros resultados basados en esos datos. Entre ellos, este modelo de núcleo de materia oscura, que propone una estructura continua: un halo galáctico ya conocido y un centro oscuro denso. Esta combinación podría explicar por qué las estrellas se mueven tan rápido cerca del centro y, al mismo tiempo, por qué su comportamiento cambia en las zonas externas.
«Esta es la primera vez que un modelo de materia oscura logra conectar estas escalas tan diferentes y las órbitas de varios objetos, incluyendo datos modernos de curvas de rotación y de estrellas centrales», explica en un comunicado Carlos Argüelles, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (CONICET), que participó en la investigación.
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