


Cuba rompió el silencio institucional tras la reciente orden ejecutiva de la Casa Blanca. En un despliegue de retórica combativa, el gobierno de la isla calificó la imposición de aranceles a sus proveedores de petróleo como un intento fallido de asfixia económica, sentenciando que ante la nueva presión de Washington, la decisión es una: «patria o muerte».
De acuerdo con reportes de la agencia EFE, esta declaración surge como respuesta directa a la medida del presidente Donald Trump de penalizar a cualquier nación que suministre crudo a Cuba. La Habana sostiene que el gobierno estadounidense se confunde al creer que mediante el estrangulamiento de recursos logrará que Cuba caiga.
La administración de Miguel Díaz-Canel dejó una puerta entreabierta a la diplomacia, aunque bajo condiciones estrictas. Según informó EFE, Cuba manifestó estar dispuesta a un diálogo «serio, responsable y basado en el derecho internacional, en la igualdad soberana, en el respeto mutuo», aclarando que no aceptarán ninguna injerencia en los asuntos internos.
El comunicado institucional subraya que la estrategia de Washington es el capítulo más reciente de una política hostil de larga data. «El gobierno de Estados Unidos llegó a este punto tras haber fracasado durante 67 años en rendir y destruir un proceso político y revolucionario genuino y legítimo, de plena soberanía, justicia social y fomento de la paz y la solidaridad con el resto del mundo».
Panorama energético crítico
La realidad sobre el terreno, sin embargo, es compleja. La isla enfrenta un déficit crónico de combustible que ya se traduce en apagones prolongados. Con una necesidad de 110.000 barriles diarios, la producción nacional apenas cubre 40.000, destinados casi exclusivamente a las termoeléctricas.
La situación se agravó tras la caída del suministro venezolano, que en 2025 apenas alcanzó los 27.000 barriles diariosy la creciente presión sobre México, otro de sus proveedores clave. El presidente Díaz-Canel, a través de sus redes sociales, arremetió contra la medida de emergencia nacional declarada por EE UU, afirmando que «esta nueva medida evidencia la naturaleza fascista, criminal y genocida de una camarilla que ha secuestrado los intereses del pueblo estadounidense con fines puramente personales».
Mientras Washington justifica estas acciones alegando amenazas a su seguridad nacional por el alineamiento de La Habana con «actores malignos», el gobierno cubano se atrinchera en su determinación de no doblegar su postura política, asegurando que la emergencia declarada se basa en un pretexto mendaz y vacío de argumentos.
Con información de EFE
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