
Tras días de conversaciones en la primera reunión dedicada a eliminar los combustibles fósiles, ministros, defensores climáticos y expertos financieros de más de 50 países acordaron una serie de resultados.
Celebrada en la ciudad de Santa Marta, en Colombia, la conferencia sentó las bases para la cooperación continua entre países que desean avanzar en el campo de la energía limpia.
Maina Vakafua Talia, ministro de Asuntos Internos, cambio climático y medio ambiente de Tuvalu, un Estado del Pacífico, dijo a los delegados que estaban «haciendo historia».
Encontrar puntos en común
Sustituir el carbón, el petróleo y el gas, que están impulsando las temperaturas globales, por una mayor electrificación y un despliegue más rápido de energías renovables, es polémico. Los países que exportan carbón, petróleo y gas se enfrentan a desafíos diferentes en comparación con aquellos que importan combustibles fósiles.
Colombia es un claro ejemplo. Su economía depende de las exportaciones de carbón, parte de las cuales va a Alemania y otras partes de Europa.
Por lo tanto, si la nación quiere reducir ese sector rápidamente, tendrá que desarrollar nuevas industrias capaces de reemplazar la producción y los empleos perdidos. Cerrar por completo el sector del carbón también sería difícil por razones legales, ya que las empresas mineras podrían demandar al Estado para obtener una compensación por la pérdida de ingresos. Cualquier eliminación gradual requiere dinero, planificación y una estrategia para gestionar las consecuencias sociales.
Presión multilateral
A diferencia de las grandes conferencias anuales sobre el clima de la ONU, a las que asisten delegados de la mayoría de los países del mundo, la reunión de Santa Marta se presentó como una «coalición de los dispuestos».
Los anfitriones de la reunión a favor de las energías renovables enviaron su invitación después de la cumbre climática COP30 del año pasado, cuando la alianza a favor de eliminar progresivamente los combustibles fósiles fue clara. Aun así, varios países bloquearon la propuesta.
Ese fracaso en alcanzar un consenso se ha convertido en una característica de las negociaciones internacionales sobre el clima. La expresidenta irlandesa Mary Robinson dijo que las conversaciones fueron más colaborativas que las conferencias anuales de la ONU sobre el clima.
«Los COPs son más formales, los negociadores tienen sus líneas y no las cruzarán, y aquí es muy diferente», dijo a los periodistas.
Muchas ideas, poco presupuesto
Francia utilizó el encuentro para presentar un plan detallado sobre cómo y cuándo pretende poner fin al uso de carbón, petróleo y gas.
El país europeo quiere reducir la cuota de combustibles fósiles en el consumo final de energía al 40 por ciento para 2030 y al 30 por ciento para 2035. El carbón será eliminado progresivamente en 2027, el petróleo en 2045 y el gas fósil en 2050. La ruta francesa reúne los objetivos existentes de clima y energía, pero no contiene nuevos compromisos.
La propuesta fue bien recibida por las oenegés asistentes, pero afirman que sigue siendo insuficiente. En 2025, el 91 por ciento del planeta registró temperaturas superficiales superiores a la media. El calentamiento se relaciona con olas de calor prolongadas, incendios forestales, fallos de cosechas y escasez de agua.
Las conversaciones en Santa Marta también dejaron claro que financiar la transición energética sigue siendo uno de los principales desafíos, especialmente para los países en desarrollo que enfrentan altos costes de endeudamiento y acceso limitado al capital.
Plan a largo plazo
El exasesor de la delegación chilena en el proceso de la CMNUCC y actual investigador asociado en la Universitat Politécnica de Cataluña en España, Cristián Retamal, comenta a DW que el espíritu de las conversaciones ha sido «bastante constructivo y con un ánimo muy positivo», pero que es demasiado pronto para decir cómo evolucionarán las cosas. «El verdadero impacto de esta coalición emergente y los esfuerzos previstos aún están por verse en los próximos meses y un par de años», subraya.
La próxima reunión está prevista para el año que viene en Tuvalu, el Estado insular del Pacífico. Los científicos creen que el país podría desaparecer para el año 2100 debido al aumento del nivel del mar.
(s/ms)
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