La responsabilidad colectiva de pensar el país

La responsabilidad colectiva de pensar el país

Un análisis retrospectivo del quincuagésimo aniversario de la promulgación de la Ley de Nacionalización de la Industria Petrolera sería incompleto si los historiadores y analistas no destacaran la voluntad nacional y el clima de unidad que lo hicieron posible. Rafael Arráiz Lucca lo pone de relieve en el reciente Papel Literario de El Nacional especialmente dedicado al tema.

Una visión nacional compartida sobre los grandes temas que marcan el presente y el futuro de un país ha sido históricamente la clave para explicar las grandes decisiones y los logros más importantes de Venezuela. Lo contrario –el predominio del personalismo, del partidismo, de la autocracia, de la negación del otro, de posiciones cerradas, de la imposibilidad de acuerdos– explica también los fracasos, la inestabilidad, las dificultades para la convivencia, el desaliento social, la lucha intrascendente o sin salida.

La responsabilidad de definir los grandes propósitos nacionales y las acciones para alcanzarlos se suele atribuir con demasiada frecuencia exclusivamente a los políticos. Hacerlo implica atribuir a un solo sector de la sociedad una responsabilidad que no le es exclusiva, a la vez que eludir la responsabilidad que tenemos como ciudadanos. Es también esquivar la obligación de contribuir a las soluciones, de sumar talentos, de aportar visiones y de enriquecerlas en el diálogo. Todos ganaríamos en un país con grandes acuerdos, con claridad en las reglas, con visión de futuro.

Cuando la nacionalización de la industria petrolera, Carlos Andrés Pérez consideraba que la sociedad venezolana entendía con madurez el derrotero planteado, lo justificaba, y lo asumía como propio. No hay duda de que estamos en otro de esos momentos -mucho más complicado ahora- en los que el país podría aspirar a un gran acuerdo nacional sobre lo sustancial, la búsqueda de una respuesta no partidista, participativa, con representación activa de todos los sectores, con respeto por los valores y los principios, con futuro.

En su escrito para el Papel LiterarioLuis Xavier Grisanti hace bien en plantear interrogantes relevantes para los próximos cincuenta años. A las grandes líneas que Grisanti dibuja para el sector petrolero habría que añadir la discusión y presentación de ideas, de propuestas de acuerdo sobre temas fundamentales y posibles, sobre ampliación de espacios de convivencia, la instauración de un ambiente de legalidad, de ejercicio de ciudadanía y de acción colectiva.

En los momentos que vive el país, cuando lo que impera es el desaliento, hay que animar a expresarse a los forjadores de pensamiento, a los que estén en capacidad de diseñar y de fraguar un futuro posible, sostenible e inclusivo. Contra el inmediatismo y la desesperanza urge un esfuerzo que nos lleve hacia un gran acuerdo nacional de los ciudadanos, hacia un proyecto colectivo estimulante y realizable. Lo vienen haciendo algunas instituciones o personas, sin mucho despliegue, pero siempre con la disposición a compartir.

A las carencias actuales hay que sumar la necesidad imperiosa de un liderazgo unificador, inspirador y activador, además de un acuerdo colectivo capaz de superar las diferencias, los recelos y las ambiciones individuales o de grupo. Su eficacia depende en mucho de la capacidad para desterrar personalismos, intereses grupales, cálculos de figuración o de dividendos o intereses que no sean el país.

El llamado a propiciar encuentros que propendan a integrar sectores para un gran acuerdo nacional se justifica hoy más que nunca.

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