El desarrollo de un gemelo digital del planeta Tierra ya es una realidad. Destination Earth es un sistema que funciona, produce datos y empieza a tomar decisiones. Con más de 315 millones de euros de financiación europea, es uno de los proyectos científicos más ambiciosos jamás lanzados por la Unión Europea y está a punto de enfrentarse a un paso decisivo: la entrada en la tercera fase, a partir de junio.
Aún le quedan dos años para demostrar su potencial de éxito operativo y para ayudarnos a navegar por los grandes misterios de la crisis climática.
Qué es Destination Earth
La iniciativa, lanzada en marzo de 2022 por la Comisión Europea, la ESA y el Centro Europeo de Predicción Meteorológica a Medio Plazo (ECMWF), comenzó como una visión audaz: supercomputadoras, modelos físicos avanzados, resoluciones sin precedentes y un enfoque radical para observar el clima y el tiempo. Hoy, esa visión ha echado raíces y empieza a materializarse.
Los modelos funcionan, los datos circulan, los primeros servicios piloto se han probado en casos reales. Está cerca de convertirse en una infraestructura capaz de anticiparse a los fenómenos extremos, apoyar a las ciudades y hacer que la energía y las infraestructuras sean más resilientes, en una Europa que ha cambiado entretanto.
El primer cambio de Destination Earth se produjo en la segunda fase, cuando el centro de atención pasó de la arquitectura a las pruebas sobre el terreno. Tras poner en funcionamiento modelos e infraestructuras informáticas, el proyecto empezó a lidiar con una pregunta más incómoda: «¿Estas simulaciones realmente le sirven a alguien?».
«Durante la primera fase, empezamos a utilizar supercomputadoras y a poner en marcha aplicaciones básicas», explica Umberto Modigliani, director de previsión del ECMWF. Añade: «En la segunda fase, el trabajo se centró en servicios piloto, es decir, servicios experimentales que utilizan gemelos digitales en casos de uso reales».
Desde el punto de vista científico, Thomas Jung también considera esencial este paso. Experto en análisis, modelización y previsión meteorológica y climática en el Instituto Alfred Wegener, Centro Helmholtz de Investigación Polar y Marina de Alemania. Sin embargo, insiste en que «para que el proyecto se perciba como útil, no basta con escribir artículos dedicados. Es esencial demostrar la calidad del sistema en hechos concretos, mostrarlo en contextos públicos, permitir que la gente entienda lo que realmente representa».
Y los servicios piloto nacen precisamente con este objetivo: probar si el drástico aumento de resolución y complejidad produce una información más fiable y útil. Todavía no son servicios operativos, sino herramientas avanzadas de validación. Modigliani afirma que «la idea es llegar a la tercera fase con servicios listos para ser puestos en marcha».
Pruebas técnicas
Su punto fuerte es la precisión, un valor añadido que Destination Earth ya aporta a la comunidad científica al trabajar con modelos globales con resoluciones de entre 4 y 5 kilómetros, que pueden refinarse aún más en áreas limitadas. Esto reduce errores que, en la práctica, pueden ser enormes. «A menudo, un evento se pronostica en el lugar correcto pero en el momento equivocado, o viceversa. Para quienes deben tomar decisiones operativas, incluso las más mínimas imprecisiones marcan la diferencia», afirma Modigliani.
Las inundaciones son un buen banco de pruebas para este desafío, y para afrontarlo, se ha creado un servicio piloto específico en colaboración con ItaliaMeteo y la Fundación Cima. Este servicio combina el Gemelo Digital de Clima Extremo con pronósticos meteorológicos de alta resolución, obtenidos mediante la integración de modelos regionales como Icon, un modelo numérico de alta resolución desarrollado para pronósticos meteorológicos locales. Modigliani explica que el modelo global funciona a unos cuatro kilómetros, pero en áreas más pequeñas podemos ir por debajo de un kilómetro, y estos pronósticos se convierten en información para los modelos de pronóstico de inundaciones.
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