
La Estación Espacial Internacional (EEI) desplegó sin contratiempos el nanosatélite mexicano Gxiba-1. Este dispositivo cúbico de 10 centímetros por lado fue desarrollado con el propósito de monitorear el comportamiento de los volcanes en México, función que contribuirá a la prevención de desastres naturales en las comunidades cercanas.
“Gxiba” es un vocablo zapoteco que significa “universo”. El equipo que lo construyó lo describe como “una cámara dedicada a analizar la mancha de cenizas de los volcanes activos de México desde el espacio”. El satélite tomará imágenes y las enviará a centros de análisis en tierra, donde especialistas evaluarán variables como la dirección y la dispersión de las cenizas.
Gxiba-1 orbita el planeta desde la órbita terrestre baja, entre 350 y 600 kilómetros de altura. Esta trayectoria hace que pase periódicamente sobre la región volcánica de México y que, en otros momentos, se encuentre al otro lado del planeta. Para comunicarse, el nanosatélite utiliza dos antenas: una enlaza con estaciones en la superficie y la otra se conecta con una constelación de satélites que facilita la transmisión global de datos.
Así fue el lanzamiento de GXIBA-1
El despliegue del GXIBA-1 inicia en el minuto 40:03
La Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) desarrolló este nanosatélite en colaboración con la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA). Es el segundo proyecto de este tipo que la universidad mexicana envía al espacio, después del AztechSat‑1, y también el segundo satélite desarrollado completamente en México que alcanza la EEI. El proyecto comenzó en 2022, cuando el equipo mexicano ganó el concurso KiboCube, organizado por JAXA y la Oficina de Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Exterior (UNOOSA).
La misión concluirá después de un año en órbita. Los nanosatélites tipo CubeSat, como Gxiba-1, suelen tener una vida útil corta debido al desgaste de sus materiales. El equipo responsable estima que el satélite operará de manera estable durante 12 meses; después, perderá altura y se desintegrará al reingresar en la atmósfera.
El equipo de la UPAEP ya desarrolla el Gxiba-2, una versión mejorada que incorporará una cámara hiperespectral capaz de captar información fuera del espectro visible, como datos infrarrojos y ultravioletas de los volcanes.
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