
«No vamos a revertir esto de la noche a la mañana, pero creo que estamos haciendo un progreso bueno y decente. Estamos mejor hoy en Venezuela de lo que estábamos hace cuatro semanas y creo y espero que estaremos mejor en tres meses, seis meses y nueve meses de lo que hubiéramos estado si Maduro todavía estuviera allí».
Marco Rubiosecretario de Estado y principal constructor del proceso venezolano desde Washington, abrió fuego en su comparecencia de ayer en el Senado para dibujar los grandes avances, y los muchos interrogantes, transcurridos sólo 25 días después del histórico 3 de enero, el día que todo empezó con la operación militar para capturar al dictador Nicolás Maduro y trasladarle a Nueva York.
Sus palabras confirmaron lo vivido en este tiempo: Venezuela no ha comenzado una transición democrática, al menos de momento. Bajo el protectorado de Washington, se busca evitar el caos chavista y reinsertar a Venezuela en un orden económico bajo supervisión.
Un proceso tan complejo y novedoso que no tiene precedentes históricos, pero sí paralelismos, entre ellos con la Transición española, tal y como se encargó de remarcar el antiguo senador cubanoamericano.
De golpe y porrazo a Delcy Rodríguezpresidenta encargada del gobierno de facto, se le puso cara de Carlos Arias Navarroaunque su juego sea simular ser un Adolfo Suárez revolucionario. María Corina Machado, que se reunió a continuación con Rubio para demostrar la sintonía de los dos personajes en su lucha contra el castrochavismose plantea cómo aterrizar en Caracas sin la peluca que usó Santiago Carrillo para su regreso y para forzar la legalización del Partido Comunista de España (PCE), en un país en el que todos los partidos opositores han sido tomados al asalto.
En el fondo, la líder democrática guarda más parecidos con Felipe González, aunque el entonces secretario general del PSOE necesitara tres elecciones para llegar al poder mientras que la premio Nobel de la Paz sabe que arrasaría en las urnas en cualquier circunstancia.
Machado, ante los periodistas en «horas y días decisivos», no quiso dejar ninguna duda en el aire: «Puedo asegurar a los venezolanos que la transición a la democracia tendrá lugar porque tenemos el respaldo de las democracias más importantes del mundo y muy especialmente del Gobierno del presidente Trump».
Y ese fue precisamente el objetivo final anunciado por Rubio, «una transición que nos permita tener una Venezuela amistosa, estable, próspera y democrática». El ex senador profundizó en la hoja de ruta avalada por Trump, con una primera fase, la actual, que trata de evitar el caos interno con «conversaciones directas, honestas y respetuosas» con sus elegidos, en especial los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez.
El secretario de Estado, a quien su jefe político ve en el futuro como presidente de Cuba, pormenorizó el acuerdo petrolero que ha permitido movilizar el crudo venezolano bloqueado por el despliegue naval en el Caribe y que además ha supuesto un torpedo en la línea de flotación del castrismo, al retirarse el petróleo que se enviaba todos los días a la isla.
El oro negro se vende ahora a precio de mercado y no con la rebaja obligada del 30%, como lo adquiría China. De esta forma se obtuvieron 300 millones de dólares, enviados a Caracas para paliar la crisis fiscal venezolana y para pagar «a los agentes de policía, los trabajadores de saneamiento y las operaciones diarias del gobierno», aseguró Rubio.
Los 200 millones restantes se depositaron en una cuenta en Qatar, cuyos fondos serán posteriormente enviados a EEUU bajo la supervisión del Departamento del Tesoro, fuera del alcance de los depredadores revolucionarios, especialistas en esquilmarlas. El caso más conocido, sólo uno dentro de una larga lista, es el del antiguo zar petrolero, Tareck El Aissami, que desvió 26.000 millones de dólares para su familia política.
Así será el mecanismo que se empleará en adelante: Delcy presentará a Washington un presupuesto y EEUU lo certificaráauditoría incluida.
Rubio insistió, una vez más, en que el chavismo reciclado ha cooperado hasta el momento, incluso con la promesa de usar parte de esos fondos para comprar medicinas y equipos estadounidenses.
«Sus recursos naturales permitirán que Venezuela sea estable y próspera hacia el futuro», pronosticó Rubio. Todas las urgencias de la primera etapa de estabilidad redundarían directamente en el segundo punto de la hoja de ruta, la recuperación, con papel estelar para la industria petrolera. Trump calculó en su día que reflotar el desastre bolivariano en Petróleos de Venezuela (PDVSA) llevaría al menos un año y medio.
Venezuela pasó de producir más de tres millones de barriles al día a subsistir con apenas 200.000, cuando la industria fue entregada directamente a los militares y agujereada por la corrupción. Desde el regreso de la multinacional estadounidense Chevron a Venezuela la producción se ha recuperado en parte hasta llegar al millón de barriles actuales. Y es precisamente el modelo Chevron el elegido por los hermanos Rodríguez para la reforma de la Ley de Hidrocarburos, con el que se abre de par en par la entrada de empresas privadas a la industria.
Rubio incluso dio su visto bueno a la reforma petrolera, «un gran paso» aunque «probablemente no va lo suficientemente lejos».
Pese a los avances, el Gobierno de Trump no descarta el uso de la fuerza. Así lo adelantaron diversas fuentes internas a la agencia Reuters en las últimas horas. Rubio lo confirmó: «No tenemos la intención de usar la fuerza, pero si surge una amenaza… No anticipamos una amenaza, pero podría pasar. La acción militar no es buena para las fases de recuperación y estabilidad, pero depende ellos».
Y es en esa tercera parte de la hoja de ruta estadounidense, en la transición, donde tiene su lugar el liderazgo democrático, según Rubio, aunque él mismo tenga dudas. «Si la oposición no está en la boleta electoral porque el gobierno lo impide, eso no son elecciones libres y justas», concluyó el secretario de Estado.
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