
Por su potencia, el Falcon Heavy de SpaceX alguna vez fue descrito como el “caballo de batalla” que usaría la NASA para la próxima carrera espacial rumbo a la Luna. En realidad, su papel siempre ha sido más quirúrgico que rutinario. Se podría decir que más bien es un gran camión de carga que solo parte cuando las necesidades lo requieren. Por ello, pasó los últimos 18 meses resguardado. Este miércoles volvió a operar. Despegó exitosamente para colocar un enorme satélite de comunicaciones, de aproximadamente 6,500 kilos, en órbita geoestacionaria.
El Falcon Heavy es considerado un cohete de nicho. Las compañías o agencias espaciales lo emplean para transportar cargas gigantescas, que de otra forma requerirían más viajes, o para llevar a cabo misiones interplanetarias. Por ejemplo, la última vez que el gran cohete de SpaceX salió a la zona de despegue fue en la misión Europa Clipper, cuando puso en ruta una sonda hacia una de las lunas más prometedoras de Júpiter.
Esta vez, el Heavy tuvo una misión menos científica, aunque igualmente relevante. Transportó un sistema de comunicación satelital extremadamente pesado, de entre 6 y 6.5 toneladas, de la compañía Viasat. De acuerdo con información de su página oficial, este es el tercer satélite de la serie ViaSat‑3 y está diseñado para aumentar la capacidad de conexión de internet de banda ancha en más de un terabit por segundo en la región Asia‑Pacífico.
El internet de banda ancha que transmiten estos satélites no es para cualquier usuario. Es un servicio que emplean aerolíneas, compañías de transporte marítimo y gobiernos que requieren comunicaciones seguras y de alta capacidad en zonas remotas. Las cualidades del Falcon Heavy permitieron ampliar las posibilidades de comunicación en Tierra.
La rara posición del Heavy ahora mismo
El cohete más poderoso de SpaceX vive en un espacio extraño. Casi todas las misiones de la compañía emplean a su hermano menor, el Falcon 9, y ahora mismo los mejores ingenieros trabajan en su sustituto: Starship, un vehículo mucho más grande y ambicioso.
Pero hoy, el Falcon Heavy es el único cohete operativo de SpaceX certificado por la NASA con gran capacidad de carga. Sus 27 motores Merlin pueden colocar casi 64 toneladas en órbita baja y manejar cargas excepcionalmente pesadas en trayectorias hacia órbitas altas como la geoestacionaria. Es lo suficientemente potente como para lanzar la infraestructura de futuras estaciones espaciales complejas que sirvan como punto medio entre la Tierra y la Luna.
Las demandas de la industria espacial cambiaron en los últimos años. Las estaciones intermedias y las misiones interplanetarias tendrán que esperar un poco más. La prioridad, por ahora, son las misiones tripuladas a la Luna y la instalación de las primeras bases sobre su superficie. Por ello, SpaceX trabaja en una solución de transporte capaz de llegar al satélite natural, siguiendo los mismos principios que hicieron exitoso al Falcon Heavy. Planea hacerlo con Starship, que según la documentación disponible, tendrá una masa total cercana a las 5,000 toneladas y podrá transportar más de 100 toneladas de carga útil, impulsada por motores Raptor de nueva generación.
Sin embargo, Starship sigue siendo un prototipo. Aunque ha demostrado sus capacidades, la NASA aún no lo ha validado para misiones científicas o de carga crítica. Hoy, si alguien quiere enviar una carga pesada al espacio profundo, probablemente deba seguir recurriendo al Falcon Heavy. Su reaparición en la plataforma de lanzamiento, tras 18 meses de silencio, es un recordatorio de que la transición hacia la nueva era espacial todavía no está completa.
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